Por:   Sandra Esmeralda Camacho Peña - Psicóloga - Mgs. Neuropsicología

Los seres humanos estamos integrados por condiciones biológicas, psicológicas, y sociales que no son separables. Por el contrario interactúan entre si para dar origen a las características comportamentales de las personas, es por esto que al retomar  el contenido principal del texto chicos en banda nos permite entrelazar estas condiciones y lo que las autoras proponen como  expulsión social, a lo cual refieren que es el resultado de una operación social, y que produce un desexistente.  Así dentro de la naturaleza del ser humano se encuentra la capacidad de mostrar altas o bajas tasas de conductas disruptivas que varían en intensidad como condición biológica y natural para defenderse él mismo a los suyos y a su territorio. Cuando a esta condición biológica la acompañan factores sociocultares, tales como algunos indicadores de expulsión social (la falta de trabajo, violencia, falta de escolarización, ausencia de protección social, supervivencia que roza con la ilegalidad, disolución de vínculos familiares, drogadicción, etc.) el niño o adolescente pierde visibilidad, nombre, palabra; por lo tanto ha entrado en el universo de la indiferencia, transitando por una sociedad que parece no esperar nada de él. Esto se convierte en conductas problemáticas que pueden lacerar y hacer daño al individuo mismo, como a otros y a su entorno. Este individuo puede verse envuelto en acciones que van en contra de las normas impuestas en la sociedad. Estas conductas se denotan en un contexto psicológico, neuropsicologico y judicial. Conductas antisociales y delictivas.

 Estas conductas exhibidas en los menores de edad son una gran preocupación social. Uno de los aspectos que se relacionan con la manifestación de este tipo de conductas es la violencia que se presenta como un modo de relación que aparece en condiciones de impotencia instituyente de la escuela y la familia, en una época en que parecen haber perdido potencia los discursos de autoridad y el saber de los padres y maestros. Mas recientemente en un estudio que se realizo con una muestra representativa de la población española (Bonilla et al, 2004), llevaba a cabo con el "Behavior assesment system for children" sistema de evaluación de conductas de niños y adolescentes  (BASC) se encontró que los profesores perciben de aquellos estudiantes entre 3 y 18 años que han sido expulsados de un vinculo familiar  una prevalencia de agresividad entre el 38%  y que el 25.8 en edades entre los 6 y los 18 años muestran problemas de conducta manifestados en comportamientos antisociales.

 En los últimos años se han llevado trabajos neurobiológicos que muestran una clara disminución y disfunción de ciertas estructuras del cerebro en niños y adolescentes de zonas marginales que presentan condiciones precarias marcadas en el entorno familiar, la alimentación, salud, vivienda,  y educación, etc.  (Hare, 1999 & Raine, 1999). Esto ha dado manifestaciones psicológicas que se enmarcan en una baja autoestima, ausencia de motivación, conductas agresivas y antisociales que incluyen absentismo escolar, huídas de casa, piromanía, vandalismo, hurtos, etc. Además infringen las reglas y expectativa sociales importantes, y muchas de ellas reflejan acciones contra el entorno, incluyendo a personas y propiedades (Kazdin & Buela-Casal, 2002).

 FACTORES NEUROBIOLOGICOS:

 Los primeros dos años de vida representa el período más crítico del desarrollo neuronal del ser humano. Estos primeros años son esenciales porque además de producirse gran parte del desarrollo y de la maduración del sistema nervioso, es una época de aprendizaje, en la cual se aprende a hablar,  a reconocer rostros familiares y hacer uso del comportamiento para interactuar con los demás. Así, en el cerebro descansan las experiencias de la primera y la segunda infancia para educar un sistema de respuesta al estrés (Niehoff, 2000) En ningún otro período de la vida el cerebro volverá a estar tan aviento al cambio como durante la primera infancia y nunca el entorno volverá a ser tan simple.

 Los factores ambientales son un importante determinante en la conductas agresivas y violentas (Baker, 2004) de aquellos niños y jóvenes que experimentan que su familia y su escuela ya no son la llave para alcanzar un futuro, ni un lugar de fuerte inscripción y que solo ven en la conducta delictiva un atravesaño entre la supervivencia y el resentimiento hacia una sociedad que los excluye y los expulsa. Estos factores ambientales pueden influir en el desarrollo del cerebro, como es el estrés producido por actos violentos o de deprivación. En primera instancia, la reacción más sistemática ente el estrés es la del hipotálamo. Esta estructura estimula a la glándula pineal para que libere hormonas que van a estimular la producción y la secreción del cortisol. El cortisol coordina efectos en varios órganos para ayudar al cuerpo a enfrentarse  a un ataque o a otro estímulo estresante, por tanto, esta intimamanete relacionado con la aparición de estrés y con la alta agresividad manifiesta (Gómez-Jarabo & López, 1999 & Grisolía, 1999).

 El sistema serotoninergico inhibitorio se origina en los núcleos de Rafe y asciende a la amígdala, hipocampo, hipótalamo, septum, estriado y todas las áreas de la neocorteza. Los bajos niveles de serotonina se asocian a los problemas de control de impulsos y comportamientos agresivos. Estos bajos niveles del neurotransmisor se deben entre otras, a alteraciones en los receptores y/o en los recaptadores.

 Una segunda red es la dopaminergica. La dopamina se activa ante los estímulos novedosos, la recompensa y la seguridad, estímulos que estos chicos no tienen. Los agonistas de la dopamina aumentan el movimiento  en un campo abierto y novedoso lo que hace que se aumente la dopamina y se disminuya la serotonina, y la noradrenalina. Estas vías parecen estar relacionadas con características de las conductas agresivas, violentas, dificultad para inhibir la conducta impulsiva y para evitar el daño, la indiferencia para la gratificación social y la necesidad de una constante búsqueda de sensaciones. Características propias de aquellos niños y en especial de adolescentes que están en riesgo social, como consecuencia a la injusticia, a la pobreza, a la falta de educación, a la discriminación y a la exagerada marginalidad.